Discurso del Papa Juan Pablo II sobre Pier Giorgio Frassati (Cracovia, 27/3/1977).

Él era tomado como modelo por cuantos van a la montaña para escalar o hacían excursiones invernales de esquí; pensaban que también él hacía lo mismo y que este era un camino para su santificación, porque en todo veía a Dios.


Juan Pablo II, 12 de abril 1984, Jubileo internacional de los deportistas (L´ Osservatore Romano, 12/4/1984).

...Tenéis modelos donde inspiraros. Pienso, por ejemplo, en Pier Giorgio Frassati, que fue un joven moderno, abierto a los valores del deporte –era un valiente alpinista y un avezado esquiador-, pero supo dar, al mismo tiempo, un valiente testimonio de generosidad en la fe cristiana y en el ejercicio de la caridad para con el prójimo, especialmente para con los más pobres y los que más sufrían. El Señor lo llamó a Sí cuando sólo tenía 24 años de edad, en agosto de 1925; pero él sigue muy vivo entre vosotros con su sonrisa y su bondad, para invitar a sus coetáneos al amor de Cristo y a la vida virtuosa. Después de la primera guerra mundial, él escribía así: “Con la caridad se siembra en los hombres la paz, pero no la paz del mundo, sino la verdadera paz que sólo nos puede dar la fe de Cristo, hermanándonos”. Os dejo como programa estas palabras suyas, juntamente con su amistad espiritual, a fin de que en todo lugar de la tierra seáis también vosotros portadores de la verdadera paz de Cristo.



Juan Pablo II, 21 de Agosto de 1994, Homilía durante la celebración eucarística en Cogne el domingo.


“...Este lugar encantador conserva, asimismo, el recuerdo de un joven creyente de nuestro siglo, Pier Giorgio Frassati, a quien tuve la alegría de proclamar beato el 20 de mayo de 1990. Solía frecuentar la ciudad de Cogne. Exploraba con ardor las cimas que la coronan; había hecho de cada escalada a las montañas un itinerario que acompañaba al ascético y espiritual, una escuela de oración y de adoración, un esfuerzo de disciplina y de elevación. Confesaba a los amigos: “Cada día que pasa me enamoro locamente de la montaña”. Y proseguía: “Deseo cada vez más escalar las montañas, conquistar las cimas más abruptas, sentir la alegría pura que sólo se experimenta en la montaña”. Amadísimos hermanos y hermanas, como San Besso y san Urso, el beato Pier Giorgio supo
conjugar la admiración ante la armonía de la creación con el servicio generoso al Señor y a sus hermanos. Es sumamente necesaria esa admisión ante la creación, admiración de la obra de Dios. Mediante esa admiración de la creación, admiramos a Dios mismo; mediante la admiración de lo visible, admiramos lo invisible. Que Pier Giorgio, casi coetáneo nuestro, sea ejemplo especialmente para los jóvenes, para cuantos viven aquí y para quienes van a la montaña, a fin de pasar un período de merecido descanso. Ante un espectáculo tan extraordinario de la naturaleza, elevamos espontáneamente nuestro corazón al cielo, como el joven Frassati acostumbraba a hacer con frecuencia.